El sol caía a plomo sobre el concreto del parque central. En medio del bullicio urbano, un joven de rostro cansado y ropa desgastada intentaba ganarse la vida. Llevaba puesta una sudadera gris, agujereada por el tiempo y el uso implacable, mientras sostenía con manos temblorosas una pequeña caja de madera. En su interior, unos cuantos arreglos florales representaban su única esperanza de comer ese día.
La multitud pasaba a su lado sin mirarlo, ignorando su existencia. Sin embargo, el destino tenía otros planes. A lo lejos, el sonido firme de unos tacones resonó contra el pavimento, anunciando la llegada de alguien que no pertenecía a ese lugar. Una mujer imponente, vestida con un inmaculado traje sastre de color blanco que contrastaba violentamente con la suciedad del entorno, se detuvo justo frente a él. Su mirada era penetrante, calculadora y envuelta Leer más